"Las risas de los niños en el refugio antibombas nos salvaron del miedo."

Inna, de Chernígov, Ucrania, se escondió en un oscuro refugio antibombas bajo la iglesia católica de su barrio con su hijo Pavlyk y otras madres con sus hijos. A su alrededor, caían las bombas y la ciudad temblaba. Algunos lloraban. Otros rezaban.
Y entonces, en medio del silencio que siguió a la explosión, Pavlyk, de tres años, comenzó a reír.
"Con su risa infantil, ahogó el sonido de las explosiones. No entendía lo que sucedía, simplemente se divertía. La gente empezó a sonreír y la atención se centró en mi hijo, dejando de lado el miedo. Su risa infantil nos salvó de lo que ocurría afuera."
Inna y Pavlyk permanecieron en su ciudad natal durante los primeros y duros meses de la guerra. Había poca comida, no había calefacción y, a veces, tampoco agua potable. Muchas veces tuvieron que correr a refugiarse, dormir en el suelo y esperar horas a que sonaran las sirenas antiaéreas.
Dos años después, Pavlyk e Inna estaban en Kiev buscando atención médica. Pavlyk enfermaba con frecuencia y padecía problemas de salud crónicos que se agravaron al vivir en sótanos sin electricidad ni calefacción. Se encontraban en la sala de espera del Hospital Infantil Okhmatdyt cuando el cohete impactó el edificio.
Recuerdo la alarma, y luego no recuerdo nada hasta que me desperté con los gritos de alguien. Pavlyk estaba tumbado a mi lado, afortunadamente ileso. Había cristales rotos por todas partes y vimos gente cubierta de sangre. Salimos con contusiones, pero la experiencia nos dejó una profunda huella.
Tras esto, Pavlyk guardó silencio. Le costaba hablar y empezó a tartamudear. Le asustaban los ruidos fuertes y la oscuridad.
A través de Caritas A Inna y Pavlyk les ofrecieron una estancia en la montaña. Dos semanas de apoyo psicológico, comunidad y paz. Aquí no hay peligros ni refugios antibombas. Aquí los niños pueden reír y jugar en un entorno seguro.
“Pavlyk me dice: ‘Mamá, aquí no hay alarmas’. Duerme mejor. Y cuando sonríe, pienso en aquella noche en el refugio antibombas. Esa risa puede salvar vidas”.
Inna señala una pequeña claraboya en su habitación. “La llamamos la ventana al cielo. Por la noche, miramos hacia arriba y nos recordamos que hay luz, incluso cuando todo parece oscuro. Y que niños como Pavlyk merecen crecer en paz”.
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