La emergencia no se toma vacaciones navideñas

Inna (36) vive con sus dos hijas y su padre en Liubar, Ucrania. La vida no ha sido nada fácil. La guerra y la enfermedad le han dejado profundas cicatrices. Inna ha luchado contra una enfermedad grave, se ha sometido a quimioterapia y a múltiples cirugías, todo mientras intentaba ser una madre segura y amorosa para Anastasia (13) y Melania (5). 

Debido a su salud, no puede trabajar. Su padre, jubilado, hace todo lo posible por mantener a la familia, pero el dinero no le alcanza. 

Durante casi cuatro años, la guerra ha formado parte de la vida cotidiana. Ataques aéreos, noches oscuras y miedo constante caracterizan la vida. Ella dice que los niños lo sienten todo.  

Inna hace todo lo posible para crear seguridad. Cuando suena la alarma de vuelo, cuenta cuentos, juega con los dedos e intenta animarse. Pero los niños lo entienden. Esta no es la infancia que ella quería para ellos. 

Se acerca la Navidad. Inna se aferra a las tradiciones. Espera hacer un belén con los niños, decorar el árbol y cocinar según las recetas de su abuela: kutia con miel y nueces, colinabo y tarta de queso. 

La Navidad es mágica, piensa. Recuerda cantar villancicos de niña en casa de su abuela y que le daban manzanas calientes con miel y nueces. Ahora intenta que sus hijos vislumbren esa misma calidez, en medio de la oscuridad. 

Aunque la guerra le dificulta la vida, Inna busca motivos de gratitud. Sueña con la paz. Con recuperarse. Con un futuro seguro para sus hijos. Y cree en los milagros, especialmente en Navidad. 

¡Dale esperanza para la Navidad!